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OPINION: fortalecer la zona fronteriza

Autor : a tiempo rd on : viernes, 2 de marzo de 2018 0 comments
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Por MANUEL HERNANDEZ VILLETA

La larga zona fronteriza es la más olvidada y marginada del país. Los dominicanos que viven en esa área no encuentran fuentes de empleo, la educación es limitada, los servicios públicos apenas si cubren las emergencias e internamientos ligeros y la agricultura es de subsistencia.

Las nuevas generaciones no ven futuro en permanecer en esa área. No hay fuentes de empleos, ni siquiera las que podría viabilizar el clientelismo político. Las familias tradicionales languidecen en una existencia a veces alejada de la modernidad.

El presidente Danilo Medina anunció en su discurso a la nación del 27 de Febrero que aumentará la vigilancia en la zona fronteriza. Se enviarán cerca de 900 militares, vehículos y tecnología de punta, para, sobre todo, tratar de parar la emigración ilegal haitiana.

Ese anuncio del presidente Medina es positivo, presenta la acción ejecutiva comprometida con establecer controles en la frontera, por donde como es natural entra el grueso de haitianos al país. El reforzamiento militar puede ayudar a establecer una línea de acero en la frontera, pero puede ser que no sea suficiente.

Es una franja de unos 300 kilómetros y se hace imposible que cada metro esté bajo la mirada de un soldado. Hay que involucrar a la población y las instituciones comunitarias para detener la presencia y llegada de ilegales. Los militares deben ser el soporte, con la asistencia y el respaldo de la población.

Pero hay que pensar en medidas sociales y de progreso para la zona fronteriza. El abandono que se vive en esa zona del país, muy lejana de las grandes ciudades, hace florecer la cultura bi-nacional. En muchas ocasiones la música haitiana, incluyendo una variedad de merengue ligado con gagá, es una de las diversiones de la zona.

El llamado comercio bi-nacional da vida a esa zona. Los haitianos vienen a vender su mercancía, y abren un mercado donde los dominicanos también ponen en exhibición sus productos. Pero de lo que se trata es que a la zona fronteriza hay que dominicanizarla.

Allí el haitiano se mezcla con los nacionales. En la marginalidad dominicanos se mancomunan con haitianas, y viceversa. Hay que llevar fuentes de empleo a la zona fronteriza, hay que mejorar los niveles educativos, hacer funcionales los hospitales públicos y en áreas rurales, introducir la agricultura por métodos del siglo 21.

Los grupos religiosos pueden desempeñar una gran labor llevando el mensaje de fortaleza de la dominicanidad en la zona fronteriza. Hay que rechazar los cultos religiosos en patuá y creole, e impartirlos en español. Ya del otro lado de la frontera se puede oficiar a como les venga en gana.

No hay funciones culturales en la zona fronteriza. Allí prácticamente no llega la mano del ministerio de Cultura. Hay que enviar grupos de teatro, de poesía coreada, de cantantes populares, de juglares y de poetas. Hay que afinar la cultura nacional, en una zona donde el sincretismo cultural-religioso es preocupante.

Si queremos controlar la emigración ilegal haitiana, también tenemos que ir a fortalecer la zona fronteriza. Los dominicanos allí se encuentran desesperados y abandonados. Los jóvenes sólo piensan en el momento de la emigración hacia las grandes ciudades, donde en la mayoría de los casos les espera la exclusión de las barriadas marginadas. A luchar por la educación y la cultura en la frontera, para que no se imponga la brujería y Belie Belcan.

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